lunes, 17 de noviembre de 2008

Otro de mis escritores favoritos

lumna aparecida en el periódico El País
Mi profesor de latín siempre traía a clase sus recortes de periódico con la columna que escribía Manuel Vincent, quien hacía una combinación perfecta entre los clásicos y nuestra gastronomía. Desde aquí mi pequeño homenaje.

Columna aparecida en el periódico El País el 31 de octubre de 1993

Por MANUEL VINCENT – Alimentos

Mientras enhebraba los versos de La Eneida en su villa de Nápoles, muchas veces, Virgilio se quedaba sin inspiración, y en ese momento dejaba a un lado los útiles de escribir y se iba a la cocina a preparar aquella ensalada de higos y nueces con berros que tanto le gustaba. Considerar esa ensalada como la prolongación del verso más hermoso, allí donde éste fue interrumpido, es una señal muy refinada de la inteligencia. Hay una inspiración para crear y otra para vivir. Parece frívolo hablar de los arroces, anchoas y erizos que sin ser Virgilio cualquiera puede tomar junto al Mediterráneo en estos tiempos de desolación, pero tales sustancias no forman parte de una huída, sino de la teoría del conocimiento. Profundas eran las manos del poeta cuando pelaba los dientes de ajo y los echaba a la sartén sobre el aceite virgen hirviendo. El verso se le había quebrado en un punto en el que decía: “Arde la enamorada Dido y por sus huesos ha aspirado el furor”. Virgilio no podía seguir. De pronto el aroma del sofrito inundaba su imaginación y a instancias de un guiso muy sencillo que se estaba dorando a fuego lento el poeta tomaba pie de nuevo y comenzaba a cantar el himeneo de la reina de Cartago con un amante de Frigi. Dos versos insignes habían sido ensamblados por los jugos gástricos de Virgilio. Sin duda, este resorte secreto ha tenido que funcionar en muchas obras maestras, ya que el tejido de la vida, hacho de cazos, pétalos, sentimientos, legumbres e ideas es inseparable del pensamiento que nos subyuga y de la creación que nos enamora. Mi teoría es esta: si no eres capaz de escribir La Envida, pues al menos preparar unas habas tiernas con virutas de tomillo junto al Mediterráneo, sabiendo que su perfume incluirá todos los versos de oro que se han urdido en esta orilla: existe una experiencia mística o poética por medio de los alimentos. Tal vez con ellos no alcances el paraíso, pero es un modo placentero de llegar al fondo del conocimiento: saborear un erizo de mar sin distinguirlo de Virgilio.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada